“Arte y Escuela”. Sonia Ibarra Ibarra (†)*

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Arte y Escuela

Sonia Ibarra Ibarra (†)*
* Investigadora de El Colegio de Jalisco y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

El público se rindió ante aquella versión enmarcada en bellísimas zapatillas de punta de razo rosa. El tema de la obra fue creado por J. Martínez del Río, la escena popular daba motivo a que fueran presentados diversos trazos bailados, siendo el centro el mismísimo Jarabe, el cual eclipsó a los demás por la fina interpretación de la Pavlova… El decorado de la pieza así como el vestuario, se debieron al pintor Adolfo Best Maugard, que gustaron al público por su gran colorido y originalidad…(12)Aunque duele reconocerlo, la enseñanza del arte ha sido históricamente relegada, buenas intenciones y poca acción, pero, a pesar de todo, el arte vive y sobrevive en la educación básica.
     Durante la Colonia, su estudio se dio ligado a la religión y fue objeto de censura, por lo que el teatro y la danza, por su carácter festivo y profano, fueron prohibidos. La enseñanza de la música se dio en el medio urbano con un desarrollo poco ordenado, y en el religioso, como el antecedente más sistematizado.(1)

     En el siglo XIX, a pesar del planteamiento nacionalista, la cultura mexicana se orientó hacia la europea y tuvo un tinte homogeneizante. La Ley de Instrucción Pública, expedida por los liberales en 1861 preveía escuelas de Bellas Artes, sin embargo, la falta de formación de profesores de esa especialidad impidió que los buenos deseos se concretaran. Dicha Ley también establecía la impartición de materias artísticas (dibujo y música) en todos los grados de la educación elemental (1ro. a 5to.).
     El dibujo, por razones obvias muy ligado al trabajo manual, se enseñaba en las escuelas desde inicios del Porfiriato. En esa época, el enfoque de esta asignatura era diferente al actual; a pesar de que se enseñaba el de ornato, se hacían “ejercicios de copia y de inventiva, con figuras curvilíneas y mixtilíneas que presentaban objetos y útiles relativos a las artes y oficios”.(2) La finalidad de la materia era de carácter práctico más que artístico, aunque, desde luego, también se entendía como la iniciación del hombre a la educación estética.
     En 1872 se fundó en el país la primera Escuela de Artes y Oficios que se proponía hacer de la mujer un miembro activo de progreso, enaltecer su función de ser humano y despertar en ella el sentimiento del amor al estudio y al trabajo. Inicialmente, entre los cursos que se impartían estaban canto, piano, dibujo y pintura, pero, para 1891, se suprimieron los de pintura y música.(3)

     En la formación de profesores, los programas contemplaban, también, la enseñanza de dibujo y música con la utilización de libros de texto. En la Escuela Normal de Profesores, en 1907, para la clase de solfeo y canto coral se utilizaba el libro Práctica de Solfeo de Henry Halck. En el estudio de armonio y canto coral, el texto indicado era Pequeña escuela de harmonium de August Reinhard, y, en la Escuela Normal para Profesoras se llevaban los libros Solfeo de E. Gariel y Méthode de musique vocale, de Henry Heack.(4)

     Tras la Revolución, se vio la necesidad de ampliar y sistematizar la educación artística privada y de reestructurar la pública. La creación, en 1905, de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes con Justo Sierra, dio lugar a la creación de las Escuelas de Pintura al Aire Libre y al fortalecimiento de la enseñanza artística.(5)

     El nuevo nacionalismo popular, buscaba “integrar a todos los sectores de la comunidad a la vida nacional” y encontrar los valores aceptados de Europa en la cultura popular e indígena.(6)
     José Vasconcelos, ministro de Educación Pública, se encargó de llevar dichas ideas a la acción…

Featured image     El nacionalismo artístico cosechó logros fundamentales en la producción artística, tanto en el ámbito nacional como en el internacional; en el campo de la educación artística se tomaron medidas centrales para que su enseñanza se impartiera mediante métodos, de manera sistémica, y llegara a sectores más amplios del país. Acorde con los objetivos, se pueden mencionar, entre otras acciones, el apoyo para la reinstalación de las Escuelas de Pintura al Aire Libre y la ampliación de su oferta al sector popular.(7)     

Destaca ya en este período, la enseñanza musical en todos los niveles educativos, los grupos de orfeón y las actividades de difusión, desfiles y festivales.

     Las Misiones Culturales resultaron fundamentales en la enseñanza del arte, tenían como objetivo el desarrollo integral y armónico de las comunidades rurales, mediante la acción de la escuela. Inicialmente no tenían un plan de estudios ni presupuesto determinados, no había horarios rígidos, ni trámites como matrícula o inscripción. Se buscaba despertar la conciencia cívica del campesino y adentrarlo en un proceso de autoeducación, desplazando el fanatismo mediante la cultura, al propiciar una rehabilitación económica y mejorar su forma de vida implantando hábitos de higiene y deporte con una recreación sana. Básicamente,  todo el proyecto estribaba en capacitar a los maestros como artífices de tal obra.

     Estaban integradas por un conjunto de maestros que, entre otras muchas cosas, enseñaban deportes, bailes y danzas regionales, y organizaban conjuntos teatrales y musicales. Una trabajadora social elaboraba un programa de recreaciones de acuerdo con los maestros de música y artes populares. Se puede decir que las Misiones, además de contribuir a la educación rural, eran, por aquel entonces, el medio más eficaz de propaganda del gobierno de la República.

     En la década de los treinta, la cultura quedó marcada por la ruptura, el desgarramiento y la confrontación. Modernidad significaba la defensa de los valores, la razón y la creación. La expresión artística estuvo impregnada de valores éticos, animados de espíritu redentor: redimir los valores populares, “construir la vanguardia sin rehuir la identidad nacional”.(8) La Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, LEAR (1934-1938), tuvo un lugar excepcional en la vida artística mexicana, además, su influencia se dejó sentir en Estados Unidos y en Europa.
     Su último presidente fue el destacado musicólogo Luis Sandi,(9) con él la LEAR terminó su proyecto de organización cultural que facilitó la manifestación de artistas e intelectuales relevantes, sin marginar a los obreros; para ellos estableció una escuela nocturna gratuita, donde los grandes intelectuales impartieron cursos sobre distintas materias. De esta manera, estos organizadores de la cultur a pretendieron “elevar a los simples”, construir una nueva hegemonía cultural mediante la interrelación de los grandes intelectuales y los trabajadores.

     Entre los nombres destacados, podemos mencionar a Adolfo Best Maugard, quien concibió un Sistema de dibujo basado en siete figuras mexicanas fundamentales, extraídas del arte prehispánico y popular. Además, creó unas reglas básicas que fomentaron y estimularon un estilo nacional. Los siete motivos, son: la línea recta, el círculo, la línea quebrada, la ondulosa en forma de ese o “línea de belleza”, la ondulosa, la espiral y el semicírculo.

     En 1921 desarrolló el llamado Sistema Best y, para fin de año, se pudo ver su primera aplicación pedagógica en Yucatán. Al año siguiente, el Distrito Federal lo adoptó para las escuelas bajo el nombre de Dibujo mexicano. El método era parte importante del programa educativo de José Vasconcelos, porque pretendía recuperar, de una sola vez, toda la herencia artística del pasado y encontrar en ello una expresión de espíritu nacional que tanto preocupaba a los interesados en afianzar una nueva identidad mexicana, distinta al afrancesado Porfiriato.

     En 1923 se publicó el método de dibujo con el título Tradición y resurgimiento del arte mexicano, y fue difundido abundantemente en las escuelas secundarias. Best Maugard revolucionó las ideas del arte mexicano y su enseñanza. Su método establece un orden durante un tiempo de trastorno, reintrodujo los motivos mexicanos del pasado, proporcionó un aspecto invariablemente mexicano en origen e influyó en los artistas de las generaciones siguientes.(10)
     Otro gran nombre involucrado es el de Carlos Mérida, quien, como director de la Escuela de Danza de la Secretaría de Educación Pública (1932-1935) creó un ballet mexicano inspirado en los bailes indígenas.

     Encontramos que la danza llega con retraso a la modernidad artística, lo que Alejandra Ferreiro establece con tres puntos importantes: la conciencia nacionalista, el impacto que causó Ana Pavlova con sus interpretaciones, sobre todo la del Jarabe tapatío sobre puntas(11) y, en 1921, el  compromiso de Vasconcelos.

     Pese a la demora, “puede afirmarse que la danza es el hilo conductor y continuo del rescate de lo propio en la educación  artística contemporánea. En este sentido, es notable que casi todas las estudiantes de educación básica hayan bailado, aunque sea una vez, danzas o bailables tradicionales mexicanos”.(13)

     Así, este impulso de los años veinte a los treinta, constituyó un trabajo de rescate, conservación y difusión de las danzas indígenas y regionales, encabezado por las “brigadas culturales” y los maestros rurales.

La enseñanza del arte en Jalisco
Poco hay escrito acerca del arte en la escuela en nuestra entidad. El libro de gobierno que reglamentaba la vida cotidiana del Colegio de San Diego en 1799, nos plantea cómo se impartía la música en dicho lugar:

La música se puede enseñar todos los días, a las cinco de la tarde en la misma esquela, por el maestro el canto llano, y a oficiar una misa cantada, cantar una salve, para que todos los sábados se cante solemne en su nueva iglesia a puerta abierta, y oída por todas las personas de adentro en uno de los coros, se pasen luego a repetir las oraciones y por partes, en diversos sábados, la doctrina cristiana del catecismo, para que las grandes colegialas o las criadas no la olviden. Y si llegasen a orar. Colegiala que sepa bien la solfa, podrá servir de maestra a las otras, como también las que supiesen la clave, violón, violín, guitarra o otros instrumentos, podrá enseñar a todas las que se inclinaren, a la misma hora en el mismo lugar, privadamente en sus ratos desocupados: advirtiendo todas que la música sobria y honesta, es útil, para aliviar y componer el ánimo, y quitar la ociosidad que es raíz de muchos pecados. Y entonces pueden algunas por la música, siendo muy diestras, granjearse sin dote el profesor a título de música en Santa María de Gracia.(14)

     Más tarde, en el Liceo de Niñas, heredero de El Colegio de San Diego, en este rubro “se preparaba a las pupilas para dar al público brillante testimonio de la agilidad de sus órganos vocales, haciendo gorgoritos y calderones”, en las fiestas anuales de fin de cursos.(15)
     El Liceo tenía un excelente coro que participaba junto con el de las niñas del Hospicio Cabañas interpretando el Himno Nacional, al inicio y al final de las veladas organizadas por la Junta Patriótica.
     Para los varones, fue la Escuela de Artes y Oficios la que más empeño puso en la enseñanza musical, logrando formar una banda que amenizaba las tardes de los jueves y domingos en la Plaza de Armas.

     La primera institución formal para la enseñanza de este arte fue la Academia de Música de Guadalajara, fundada en 1907, contó entre sus fundadores y directores a José Rolón, quien en 1917 la transformó en Escuela Normal de Música.(16)

     En 1927, dicho plantel continuó bajo la dirección de J. Jesús Estrada y Tomás Escobedo.

     El 6 de noviembre de 1936, Manuel de Jesús Aréchiga erigió la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra, con secciones para niños y adultos. La escuela nació en un salón que le proporcionó el profesor Tomás Escobedo, en la Escuela Normal de Música, y con una docena de estudiantes.

     Tres años después, en 1939, se constituyó el internado, con once alumnos, en una casa ubicada en la avenida Hidalgo. De ahí, el plantel se trasladó al Palacio de las Vacas, en la calle de San Felipe 634, de donde pasó a las cercanías del Mercado Alcalde, en una casona antigua, por la calle de Angulo. En los altos de este local se instaló el Coro de Infantes.(17)

     En la educación básica, encontramos que a principios del siglo XX, el programa para las escuelas de párvulos establecía, en cuanto a la práctica del dibujo, “el conocimiento de los útiles que se emplean para este trabajo: Ejercicios de líneas verticales y horizontales, consideradas aisladamente; Combinaciones de ambas clases de líneas; Ejercicios de líneas oblicuas; Combinaciones de los tres tipos de líneas; Combinaciones de curvas y rectas; Combinaciones libres”. Se destinaba para ello una clase diaria.(18)

     En música, se establecía que los cantos serían aprendidos por simple audición y se ejecutarían al unísono, procurando que fueran adecuados a los trabajos y clases que se dieran.

     En la década de los años veinte, María R. Lomelí Jaúregui realizó una interesante labor en los jardines de niños. Asumiendo la corriente artística de Adolfo Best Maugard, se reveló antiacadémica. En 1921 se dedicó de lleno a experimentar la creación musical infantil desde el nacionalismo.

Escuela afirmativa

se intitula la serie de métodos y recursos, enteramente prácticos y efectivos que constituyen el procedimiento tendiente a promover en los niños la reacción creadora que modele su nueva personalidad, carente en lo posible de prejuicios burgueses. (19)

     Su propuesta consistía en permitir que los pequeños infantes improvisaran simultáneamente la música y letra de sencillas composiciones.
     Rosaura Zapata, quien fue la primera inspectora general de Jardines de Niños de la SEP, en 1928; y directora general de Educación Preescolar de 1944 a 1954, propició la concientización acerca de la necesidad de la enseñanza musical en los jardines de niños.

     Manuel M. Ponce, después de ser director del Conservatorio, titular de la Orquesta Sinfónica de México, y de haber llevado su música a todo el mundo, fue nombrado en 1937 por el Instituto Nacional de Bellas Artes, inspector de Jardines de Niños, por lo que orientó su creatividad hacia la música infantil, dando como resultado su serie de coros para jardines de niños y la colección de Veinte piezas fáciles que lleva el subtítulo para los pequeños pianistas mexicanos, obra maestra en su género, equiparable a la realizada por otros grandes músicos tales como Bartók, Prokofiev y Kabalersky.

     En esa etapa conoció a Rosaura Zapata, que le solicitaba música para las rondas infantiles. Así, Ponce hizo cantos para los niños y piezas para orquesta sinfónica, lo mismo que guiones para obras de teatro infantil. En una relación recibida por la profesora Zapata, Ponce da cuenta de los siguientes coros escritos por él: Saludo a la Bandera, Haciendo mantequilla, Vaca, Frutero, Ritmos, El palomar, Canasta de flores, Las mariposas, Las floristas, Lo que vi, El Ejido, El hogar limpio, Frío, Al trabajo y Las tortillas.(20) Coros que buscaban apoyar los temas que se abordaban en el programa del nivel preescolar y que se enviaban a las educadoras de todo el país.
     La enseñanza musical tuvo especial énfasis en este nivel. Las educadoras se preocupaban por tener un maestro de música y pugnaban por tener un piano, el instrumento protagonista de las imágenes pioneras del preescolar.

     En la educación Primaria, el plan de estudios para las escuelas de niños de 1ra. clase contemplaba, en 1er. grado, clases de dibujo que consistían en ejercicios diarios relacionados con la enseñanza del lenguaje, las lecciones de cosas y la geometría, y, dos veces a la semana, realizaban “cantos adecuados aprendidos exclusivamente por audición, teniéndose presente la extensión común de la voz de los niños”.
     En 2do., 3ro. y 4to. grados, realizaban cada tercer día, ejercicios “de inventiva con figuras rectilíneas aplicándose a objetos de uso común” y, en canto, empezaban a interpretar coros a una y dos voces aprendidas por audición.

     En quinto grado, en dibujo realizaban contornos sencillos con objetos usuales. Copia y reducción de figuras por medio de la cuadrícula. Proyección de líneas y superficies. Copia, reducción y amplificación de figuras, sin cuadrícula. Proyección de volúmenes. Esto en dos clases a la semana.
     En música, una clase a la semana, interpretaban coros al unísono y al oído; coros en combinación de varias voces, también al oído, y se enseñaba la Llave de Sol.
     En sexto grado recibían nociones elementales de perspectiva, dibujo de ornato y dibujo lineal. “Conocimientos más importantes de los órdenes de arquitectura” en dos sesiones a la semana. En música, se repetía el curso anterior, agregando el conocimiento de la Llave de Fa, con sólo una clase semanal.

     El plan de estudios secundarios contemplaba, en 1ro. y 2do. grados, dibujo a mano libre y canto; en 3ro. y 4to. se excluía el canto, pero a cambio se obligaba organizar orfeones en el Liceo.
     En la Escuela Normal, los futuros maestros tomaban, en primer grado, el curso de solfeo y canto coral, en segundo, se sumaban ejercicios prácticos con el armonio; y en 3ro. y 4to., aprendían dibujo, estudio del armonio y práctica del canto coral.
     Para conservar en las escuelas el mayor orden, al empezar y terminar las clases se tomaban en cuenta las prescripciones siguientes:
     I.   La primera clase comenzará con un corto himno y la última terminará del mismo modo.
     II.  Concluido el primer himno, los niños se sentarán y comenzarán las labores del día, de acuerdo con la distribución del tiempo.(21)
     La Escuela Federal de Arte Industrial para Señoritas (EFAIS), en 1921 contaba en su programa con las materias de canto y dibujo. Uno de los cursos que manifestaba adelantos, para 1929, en la EFAIS era el de dibujo a cargo de Carlos Stahl, quien utilizaba el Método Best Maugard, con una asistencia numerosa. El profesor Stahl, “como verdadero conocedor de la clase que le estaba encomendada y empleando sencillos procedimientos, logró hacer de sus discípulas unas excelentes creadoras, que revelaban grandes dotes artísticas, admiradas en los bien acabados trabajos que se exhibían en el salón respectivo”.(22)
     El curso de dibujo y pintura en la EFAIS comprendía dibujo a lápiz con motivos fáciles, dibujo y pintura del natural, dibujo a escala, confección y uso de colores al óleo y nociones de pintura escenográfica.
     La Escuela editaba la revista EFAIS, ilustrada con dibujos originales de las alumnas. El plantel era dirigido por Josefina Gómez, una gran impulsora del folclore jalisciense, quien junto con Refugio García Brambila, Miss Cuca, hicieron grandes aportaciones a la investigación en este rubro.
     Magdalena Ruiz Velasco impartía el curso de canto, cuyo contenido era el siguiente: “Estudio de canciones mexicanas y regionales, a una y más voces, con acompañamiento de piano o sin él”.(23)

     Había otro curso que comprendía el aprendizaje de la guitarra, construcción de guitarras españolas, hawaiianas y mandolinas, y la fabricación de estuches para dichos instrumentos.
     Frecuentemente la EFAIS organizaba conciertos públicos con la participación de la Orquesta Típica del plantel, a cargo del profesor Eusebio Suárez y del Conjunto Coral de la escuela, a cargo del maestro J. Jesús Niño Morones. Tradicionalmente también se organizaba un Festival de Navidad en el Teatro Degollado y destacaba la participación en desfiles con la colaboración de Miss Cuca.

     En la década de los años treinta, la Escuela para los hijos del Ejército No. 4, “Beatriz Hernández”, le dio gran énfasis a la preparación artística, teniendo a destacados maestros en el orfeón, orquesta infantil, estudiantina, grupo de danza, oratoria y declamación.

Los mentores
Destacados maestros se han encargado en Jalisco de la enseñanza del arte en la educación básica, podemos mencionar, por más cercanos a nuestra época, a los músicos: Clemente Aguirre, José Rolón, Alfredo Carrasco, J. Jesús Niño Morones, Tomás Escobedo, Andrés Sandoval, Víctor Manuel Amaral, Soledad García Brambila, Luis Cisneros Salcedo, Mario Oliverio Zamora y Consuelo Medina, entre muchos otros.
     En danza destacaron principalmente los nombres de Refugio García Brambila (Miss Cuca), Amelia Bell Feeley (Miss Bell), Luz María Ruelas Santana y Elisa Palafox de Jacobo.
     En dibujo encontramos los nombres de Ixca Farías y Carlos Stahl, maestros de quienes se encargarían de llevar más tarde esos conocimientos hasta las zonas más lejanas del estado de Jalisco.
     Es urgente recuperar esta tradición artística en la educación básica, darle la importancia que se merece este rubro, no como disciplinas complementarias sino como algo esencial para buscar la verdadera educación integral.

Notas
1. Sylvia Durán. “La educación artística y las actividades culturales”, en: Pablo Latapí Sarre. Un siglo de Educación en México (Tomo II). Fondo de Cultura Económica. México, 1998. pp. 393- 394.
2. Mílada Bazant. Historia de la educación durante el Porfiriato. El Colegio de México. México, 1993. p. 74.
3. Ibid. p. 120.
4. Ibid. pp. 152-157.
5. Sylvia Durán. Op. cit. pp. 396-398.
6. Ibid. p. 399.
7. Idem.
8. http://www.uom.edu.mx/trabajadores/14morua.htm

9. Luis Sandi fundó el Coro de Madrigalistas de Bellas Artes en 1938, con el propósito de difundir la música coral en todas sus manifestaciones y editó libros de música para la escuela primaria, ilustrados por los pintores de la LEAR.
10. http://www.arches.uga.edu/-lecates/1010/maugard.htm
11. Ana Pavlova nació en San Petersburgo, (Rusia), en 1881, y a los 10 años de edad fue admitida en la Escuela Imperial de Ballet. Vino a México en 1919 e interpretó entre otras obras, “Fantasía Mexicana” el 18 de marzo de ese año.
12. Alberto Dalial. La danza en México en el siglo XX. Citado por María Eugenia Ruvalcaba en: “Tres generaciones en la difusión y enseñanza del arte de la danza en Jalisco”. Ensayo presentado para acreditar el Diplomado en Cultura Jalisciense de El Colegio de Jalisco, diciembre de 2003.
13. Sylvia Durán. Op. cit. p. 402.
14. Cit. por Miguel Enrique Delgado Alatorre. “El Colegio de San Diego”. Tesis para obtener el grado de Maestría. Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio. Zapopan, Jalisco, julio de 2002. p. 115.
15. José María Muriá. Historia de Jalisco (Tomo III). UNED. Guadalajara, 1980. p. 538.
16. Gabriel Pareyón. Diccionario de Música en Jalisco. Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco. Guadalajara, 2000. p. 232.
17. En 1949, con motivo de la visita de Monseñor Higinio Anglés, la Escuela obtuvo el reconocimiento del presidente del Instituto Pontificio de Música Sacra, de Roma, a tal grado que obtuvo el nombramiento de “filial” el 3 de julio de 1961. El mismo año se mudó la institución a la esquina de Santa Mónica y Garibaldi, para ubicarse en el edificio, construido exprofeso, en la esquina de Hidalgo y López Mateos, donde hasta hoy se mantiene la sección de jóvenes y adultos. La sección de niños se encuentra en Manuel Acuña 832, bajo la dirección de Aurelio Martínez Corona, antiguo alumno de la Escuela de Música Sacra, quien sostiene que este Coro tiene una tradición de más de 400 años. Aurelio Martínez Corona. El Colegio de infantes de la Catedral del Guadalajara. Cámara Nacional de Comercio. Guadalajara, 2000.
18. Oscar García Carmona. Legislación y estructura orgánica de la educación pública de Jalisco 1903-1983 (Tomo I). Departamento de Educación Pública del Estado de Jalisco. Guadalajara, 1985. p. 2-53.
19. El jalisciense, 26 de diciembre de 1933.
20. Relación recibida por Rosaura Zapata de Manuel M. Ponce. AHSEP. Dir. Gral. de Educ. Pre-esc. Caja 5059 S/351 (015)/
21. Oscar García. Op. cit. pp. 2-15 a 2-60.
22. EFAIS, revista editada por la Dirección de la Escuela Federal de Arte Industrial para Señoritas, 30 de junio de 1930, año I, número 1.
23. Sonia Ibarra Ibarra y Oscar García Carmona. Ochenta años de educación pública federal en Jalisco(Tomo I). SNTE, 2000. pp. 125-127

Cítese este artículo como: Ibarra Ibarra, Sonia. “Arte y Escuela“, artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).