Amelia Ángela Bell Feeley, o simplemente… Miss Bell.

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Sonia Ibarra Ibarra (†)*

* Investigadora de El Colegio de Jalisco y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

Heredera de una familia de artistas, Amelia Bell fue una de las contadas niñas que no sólo tuvo el circo en casa, sino que lo vivió en carne propia. Su madre, del mismo nombre, integrante del “Circo europeo Familia Feeley”, fue considerada como la más grande artista ecuestre de todos los tiempos y desde muy niña, junto con su hermanito era la sensación en el acto de trapecio volante.

Los niños voladores Dickey y Amelia Feeley terminaban siempre con uno de sus actos la función; actos que sólo viéndolos podían ser creídos. Saltaban del cuello de un trapecista desde lo alto de la carpa a las plantas de los pies de otro, para luego quedar de pie, sólidos sin titubeos. Eran verdaderos gimnastas maravilla. Estos actos formaban el espectáculo más completo y grandioso de la época.1

     Su padre, Ricardo Bell hijo, fue el primogénito de la familia Bell, protagonista de la época de oro del circo en México. En el Porfiriato, el inglés Richard Bell llegó a nuestro país y aquí promovió hasta su muerte la actividad circense. Su destreza como payaso arrancó la risa del general Porfirio Díaz. Resulta que para enriquecer el espectáculo familiar, Ricardo Bell hijo fue enviado a los Estados Unidos a buscar nuevos números y en Nueva York, el destino le tenía algo preparado, pues llamó su atención un acto ecuestre ejecutado por Amelia Feeley, “joven bella, intrépida y sin rival”… cual personaje sacado de un óleo de María Izquierdo:

Era necesario ver a esa esbelta criatura lanzarse en el espacio con todo el peso de su cuerpo, cayendo en perfecto aplomo sobre el lomo del caballo en desbocada carrera y luego realizar artísticos y asombrosos ejercicios.2

     La contrató de inmediato, uniéndose así Amelia Feeley al elenco del Espectáculo Bell. Con el tiempo, de la unión de dos grandes artistas, nació Amelia Ángela Bell Feeley el 23 de junio de 1907. Con la vorágine del espectáculo y de los movimientos revolucionarios en México, la familia salió del país rumbo a los Estados Unidos cuando ella tenía tres años de edad. Allá, junto con su hermana Josefina, tomó lecciones de baile en Nueva York hasta 1914 y participó con la gran familia en los espectáculos musicales. Para ese entonces, la pretensión del clan era viajar a Europa, sin embargo, la Primera Guerra Mundial impidió tal proyecto.

     Por ello, viajaron a América del Sur y fue allá donde Amelia empezó a bailar profesionalmente a los cuatro años: “mi hermana y yo ya teníamos puesto un repertorio que hacíamos en las academias y debutamos en Panamá en el Teatro Colón con el baile de los marineritos”.3

Salimos de Nueva York, a bordo del trasatlántico “S.S. Panamá”, el 7 de octubre. Abuelo materno, papás, tíos, tías y nietos en número de 25, todos Bell, además de nuestro profesor de baile clásico, el jefe de tramoya, el agente y el representante. Atracó el barco en Colón, Panamá y Balboa el 13 de octubre de 1915. Yo contaba con la edad de 8 años… la temporada artística fue de gran éxito. Quince días consecutivos del 14 al 28 de octubre en que deberíamos partir.4

     La gira continuó por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela, Bahamas, Trinidad y Tobago, Puerto de España, Barbados, Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba, donde tuvo la oportunidad de ver la actuación de Ana Pavlova en La muerte del Cisne, lo que dejó una fuerte impresión en su vida. El fin de la Primera Guerra Mundial marcó también el final de la gira artística en Cuba el año de 1919.

     Volvieron a México y la primera presentación de “Variedades y atracciones Bell” fue en el Teatro Esperanza Iris con una impresionante respuesta del público, que tras nueve años de ausencia recordaba al primero de la dinastía, el primer gran payaso de América, Ricardo Bell, que había muerto en 1911.

     En 1919 llegó Amelia a Guadalajara para actuar en el Teatro Degollado y vivió con su abuela, en una casa ubicada en Av. Vallarta 1453, esquina con Lafayette (Chapultepec).

     En esta ciudad estudió en el Colegio Teresiano la secundaria, luego continuó su actividad artística por todo nuestro país y posteriormente en los Estados Unidos, donde también tuvo oportunidad de actuar en la película La jaula de los leones, filmada en Los Ángeles, California.

     Ya de regreso en Guadalajara, en 1934, a solicitud de una madre de familia, empezó a darle clases a unas niñas pequeñas en el Hotel Francés donde le facilitaron un espacio para ello, pero al aumentar la demanda de sus cursos, ella decidió fundar su Academia con clases de ballet clásico, danza española, regional, valses y tap. La Academia Hermanas Bell se instaló en los altos del Edificio Mosler por la avenida 16 de Septiembre. Al año siguiente presentó su primer festival y fue el inicio de su larga trayectoria en la docencia, pues en 1937 asistió a los Cursos de Educación Física impartidos por la Dirección de Educación Primaria, Especial y Normal, obteniendo el título de maestra de Educación Física. Más tarde tomó también los cursos de Capacitación Militar y Enfermería.

     Así, impartió educación física y baile y preparó festivales y celebraciones en diversas instituciones educativas: Colegio Americano, Nueva Galicia, Anglo-Mexicano, Aquiles Serdán, Libertad, Renacimiento, Patria, Carlos Moya, Tlaquepaque, Luis Silva, Victoria, Sagrado Corazón, Martínez Negrete, Sor Juana Inés de la Cruz, Enrique de Osso, Teresiano, San Francisco de Asís y El Refugio.

     Para 1942, su Academia cambió el nombre a Estudio Amelia Bell y, al año siguiente, fue nombrada maestra de danza de la Escuela Normal de Jalisco, “el gobernador del Estado, Marcelino García Barragán, autorizó al profesor Salvador M. Lima, director de Educación en el Estado, que diera todo el apoyo económico y moral a la altura de la maestra Amelia Bell para que formara un cuerpo de baile”.5

Luego vinieron los ejercicios acostumbrados, ensayos, confección de trajes, sombreros, rebozos, peribanas, gallos de pelea y accesorios especiales. Jalisco, aparte de su autenticidad, tenía un diferente atractivo. Dos gallos de pelea que dentro del ruedo formado por los bailadores demostraban su valor entusiasmando a los espectadores que los apoyaban con porras. Después de haber participado cada uno de los grupos y siguiendo la característica que la maestra había dado a los bailables de la Escuela Normal, conjuntaba a todos los estados participantes y formaba un gran espectáculo, cada grupo con sus evoluciones propias y todos unidos a la vez. A mí me tocaba sentarme dentro de una enorme canasta de carrizo artísticamente tejida en donde habían sido colocadas previamente flores y listones.6

     Impartió clases en la Escuela Anexa a la Normal y otras escuelas primarias estatales, además preparaba cuentos, acompañada de la Orquesta de Arturo Javier González. Con tanta actividad, muy pronto empezaron a surgir los diplomas y reconocimientos que en el caso de Amelia Bell resultan realmente innumerables. Pero entre los destacados podemos mencionar la medalla “Honor al Mérito” entregada por la Escuela Normal de Jalisco en 1947.

     Otro galardón lo obtuvo del Internado Beatriz Hernández, que en ese entonces estaba dirigido por la profesora Josefina Gómez Viuda de Ibarra. Ella montó con las niñas cinco sones jaliscienses: La Culebra, La Negra, El Maracumbé, Las Alazanas y El Caballito. Se presentaron en el Noveno Concurso de Danza y Bailes Nacionales donde participaban todos los internados del país y obtuvieron el primer lugar.

     La presea “Clemente Orozco” le fue impuesta por el gobernador Agustín Yáñez en 1959.

     En 1973, tras un problema con el menisco de la rodilla derecha, tomó la decisión de retirarse de los colegios y de cerrar su Academia.

     Al cierre de ese ciclo, recibió homenajes del Ayuntamiento de Zapopan y del Gobierno del Estado. De igual modo, el Instituto Nueva Galicia rindió tributo a su fructífera trayectoria educativa.

     Al retirarse de la docencia, se dedicó a preparar valses de quinceañeras, actos de graduación, festivales y celebración de aniversarios, lo que, lejos de la Academia, le permitía seguir disfrutando de su pasión: la danza.

     En 1983, fue invitada a impartir clases de baile y danza folklórica a las personas de la tercera edad como voluntaria en el Centro Jalisciense de Atención al Anciano del DIF, lo que le dio un nuevo sentido a su vida, continuando con la cosecha de premios y reconocimientos, pues también logró triunfos importantes con ese grupo.

     En abril de 1991 se llevó a cabo el homenaje: “Una vida en la danza”, realizado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, nombrándola además, Miembro de Honor del Instituto Internacional de Teatro de la UNESCO.

     En julio de ese año presentó un festival para 11 damas de la Reunión Cumbre Iberoamericana a petición de la Sra. Cecilia Ocelli de Salinas.

     La Secretaría de Cultura le ofreció un homenaje titulado “Remembranzas”, el 27 de septiembre de 2003 que se realizó en el Teatro Degollado, un espacio sumamente familiar para ella.

     Su departamento en la calle La Luna, de Jardines del Bosque, es ahora un preciado museo, pues en él guarda cuidadosamente la historia de la familia Bell: diplomas, medallas, trofeos, vestuario y sobre todo, finísimas y artísticas fotos.

     Al entrar ahí se penetra en ese mundo del espectáculo y de las marquesinas. En una habitación se ven reconocimientos y diplomas por todos los muros, carteles y programas de sus presentaciones en diversos teatros del mundo, las fotos de sus padres y de sus abuelos, baúles que guardan preciosos objetos, como la capa de su madre, una ponchera de plata de su abuela, un juego de té, candelabros, candiles y sobre todo, una sensación de grandeza artística indescriptible.

     Actualmente Miss Bell se ha retirado de la enseñanza, con sus 98 años, posee una increíble lucidez, aunque su cuerpo se rinde ante el efecto del implacable tiempo, pero de vez en cuando sigue bailando con sus amigos y va al cine frecuentemente. De igual modo, de vez en vez, le siguen llegando los homenajes por su especial trayectoria, que ella recibe de modo tan natural porque simple y sencillamente eso ha sido su vida.

Notas

  1. Cit. por Guadalupe Gálvez Mejorada: Ella Amelia Ángela Bell Feeley. 1992. s.p.i. p. 6.
  2. Ibid. p. 23.
  3. http://www.mural.com (19 de septiembre de 2003).
  4. Guadalupe Gálvez Mejorada. Op. cit.p. 44.
  5. Ibid. p. 98.
  6. Ibid. p. 104.

Cítese este artículo como: Ibarra I., Sonia. “Amelia Ángela Bell Feeley, o simplemente… Miss Bell”, artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).

Miss Bell dejó el mundo de los vivos a los 101 años de edad, pero ha dejado también su legado. Sus restos descansan ya en el Panteón de Mezquitán.

Por: Angélica Iñiguez

“Danza es formol”, se dice entre los bailarines. Y Amelia Angela Bell Feeley  (1907-2008) fue un claro ejemplo de ello, pues a los cien años se le vio entera pisar el Foro de Arte y Cultura para recibir un homenaje en 2007

 

Aún más, diez años atrás tuvo la desfachatez de bailar como una quinceañera. Ya se había despedido de la danza varias veces –aunque gente como ella podrá dejar de bailar pero nunca dejar la danza porque existen tantas formas de abordarla como la creatividad lo permite—, pero en 1995, a los 90 años, se despidió bailando una pieza de tap en el escenario del Teatro Degollado con tal vitalidad que arrancó ovaciones al público.

Miss Bell dio las primeras clases de ballet clásico de que se tiene noticia en esta ciudad. Según el grupo Tenamaztli A.C., fue alrededor 1934 en el Hotel Francés cuando una mujer le rogó a Miss Bell que le diera clases a su hija. “Yo le dije que no, porque yo era artista no maestra, pero la señora me insistió tanto que me convenció”, dijo en una entrevista, y así fue como Ivonne Nap se convirtió en su primera alumna, por lo tanto en la presunta primera alumna de ballet de Guadalajara.

Amelia y su familia circense vivían en el Hotel Francés, pues se encontraban dando temporada en el Teatro Degollado. Así que la recién estrenada maestra de baile pidió permiso al dueño del hotel de hacer las clases en el lobby. Pero luego llegó otra alumna, y otra y otra, hasta que el lobby lucía lleno y el dueño del hotel le recordó lo que más claro no podía ser: “Esto es un hotel, no una academia de baile”. 

Miss Bell buscó un local céntrico y allí abrió su academia de ballet, donde tiempo después impartió danza folclórica mexicana, bailes internacionales y tap. Desde entonces su sorpresiva carrera como docente la llevó a preparar niñas y muchachas para la danza. Y aunque no tuvo hijos, Miss Bell dejó una gran descendencia de bailarinas.

En 1935 presenta el primer festival infantil de danza “Los sueños de un niño” con su nutrido grupo de alumnas. Los 40 años siguientes realiza estos festivales sin parar, la mayoría de ellos a beneficio de obras de noble causa y con unas 150 niñas en escena. Siempre en el Teatro Degollado. En las vacaciones Amelia Angela Bell escribe los cuentos que luego llevará a escena y diseña su propia escenografía y sus vestuarios.

Pero no sólo es miss de academia, también da clases en 40 de los mejores colegios de Guadalajara, de danza y cultura física y se convierte, junto con Miss Cuca, en el sueño de la profesora de danza de toda niña tapatía. En 1946 se convierte en profesora de danza en el Departamento de Bellas Artes de Jalisco.

La dinastía Bell
 
Miss Amelia Bell proviene de una familia circense. Todo comenzó con el mimo James Bell, su abuelo escocés que se casó con la francesa Emilia Guest y procreó con ella a Ricardo Bell que se convirtió en un destacado clown. Don Ricardo vino a México en 1889 con todo y su trouppe para integrarse al circo Orrín. 

Ricardo Bell, siendo ya un payaso y acróbata destacado en México se casó con Francisca Peyres, con quien tuvo 13 hijos y con su descendencia llegó a tener su propio circo: el famoso Circo Bell. El primogénito, también Ricardo, viajó a Nueva York en busca de nuevos espectáculos y allá se casó con Amelia Feeley, estrella del Ringling Brothers Circus, de quienes nació, segunda de dos hermanas, Amelia Bell. 

Durante la Revolución Mexicana, Ricardo Bell se llevó a su familia a Estados Unidos, planeando regresar a México, su patria adoptiva, en cuanto terminara la guerra. Pero nunca se imaginó que los revolucionarios tomarían por asalto los vagones del ferrocarril que transportaban al Circo Bell entero, robando todo.

Luego de no pocos abatares, la familia circense regresa a Guadalajara y decide quedarse a vivir en la perla tapatía que gozaba de un clima excepcional. En 1923 los Bell adquirieron una hermosa casa en la esquina de Vallarta y Chapultepec, en la colonia Americana y Amelia estudia en el Colegio Teresiano.

Durante toda su etapa formativa, Amelia Bell tuvo los mejores maestros de baile en Estados Unidos y Sudamérica, de hecho comenzó con la danza en Nueva York a los cuatro años, más tarde siguió con violín y canto.

Dijo Miss Bell alguna vez que nunca añoró una vida infantil más convencional, con amigos y juegos, puesto que no conoció otra vida más que la del circo: de niña no tuvo amigos fuera de su entorno familiar, que era el de la empresa del circo. “Yo no conocía otra forma de vida mas que la que tuve yo, así que no fue difícil para mí, porque tampoco tuve amigas ni conocí otras niñas”, dice con sonrisa en la boca. 

En 1974 tuvo una fractura de rodilla y cerró su academia presentando el montaje “Los sueños de Rosalía”. Pero se recuperó y comenzó a dar clases de nuevo, pero esta vez no a niñas sino a señoras mayores y en 1983 el gobierno estatal la invitó a integrarse como profesora de danza al Centro Jalisciense de Atención al Anciano del DIF, donde dirigió el grupo Años de oro hasta 2002, que fue cuando se retiró de manera definitiva. 

Miss Bell dejó el mundo de los vivos a los 101 años de edad, pero ha dejado también su legado. Sus restos descansan  en el Panteón de Mezquitán, pero su herencia perdura entre las nuevas generaciones de bailarinas y bailarines que han preparado las diferentes academias en la ciudad.

Fuente: http://www.informador.com.mx/suplementos/2008/18617/6/homenaje-escrito-a-la-memoria-de-una-gran-figura-miss-bell-para-rato.htm

HISTORIA DE LA DANZA EN MEXICO A PARTIR DEL PORFIRIATO

HISTORIA DE LA DANZA EN MEXICO A PARTIR DEL PORFIRIATO

Introducción

En este trabajo se muestra la danza, desde los inicios del gobierno de Porfirio Díaz, pasando por todas las características que desarrollo y mantuvo durante esos treinta años de gobierno, pasando a la danza post revolución, el proyecto de Vasconcelos en el que se empieza a dar una clara visión de la idea nacionalista, todo lo que surgió durante esta época donde todos los artistas querían encontrarse con las raíces mexicanas, el surgimiento de la Escuela Nacional de Danza, el Palacio de Bellas Artes, la danza modernista, se habla también de las grandes bailarinas: Sokolov, Waldeen, las hermanas Campobello, Guillermina Bravo, Lourdes Campos, Amalia Hernández, Josefina Lavalle, José Limón, entre otros.

LA DANZA DURANTE LA ÉPOCA PORFIRIANA.

La cultura, a grandes rasgos, es la expresión más directa y fiel de la evolución de un pueblo. Al mismo tiempo que lo identifica, expresa los elementos que los une a su naturaleza con su trayectoria histórica. Resulta difícil conocer o entrar en contacto por primera vez con una nación, del presente o del pasado, por conductos distintos de las producciones de su cultura pues en el devenir cultural se van forjando y registrando simultáneamente los rasgos principales de todo grupo humano.

El porfiriato, cabalmente iniciado en 1877, alcanzó en 1911 el establecimiento de una “cultura mexicana” que, por una parte, asentó al fin algunos de los valores y características por los que también lucharon y discutieron los dirigentes nacionales durante todo el siglo XIX; por otra parte, el prolongado gobierno de Porfirio Díaz “construyo una nación” mediante la centralización organizada de aspectos culturales foráneos que, si bien impactaron al grueso de la población, pocos efectos tuvieron -como en las aspiraciones políticas de la masa- en la cultura popular. La gran explosión social de 1910 habría de revelar la existencia de un mundo nacional dividido, partido en segmentos irreconocibles; asimismo, en sus quehaceres netamente culturales, el pueblo se hallaría poco relacionado con los grupos hegemónicos pues éstos se habían alejado paulatinamente de sus expresiones, inquietudes, diversiones, problemas y temas.

Don Porfirio cumplió su promesa de aglutinar a la disgregada nación pero lo hizo convirtiendo al poder en espectáculo: el ejército, la burocracia, el comercio y la alta sociedad produjeron “paladines” de debían ser admirados con los atavíos del disfraz en los escenarios más indicados para marcar diferencias: bailes, desfiles, ceremonias, tiendas, restaurantes… Lo mexicano debía transfigurarse gracias a los elementos venidos de fuera; el país importaba, sin ambages, óperas y operetas y las matrimoniaba con las tonadillas, las canciones locales y regionales, el lenguaje popular, el chiste espontáneo y la música y las danzas nacionales. Los valses más bellos de los compositores mexicanos imitan y hasta superan en delicadeza y calidad a los valses europeos. La “alta cultura” porfirista es un cúmulo de imágenes idealizadas que incluyen al concepto idílico den indio, del habitante prehispánico, de los elementos de la historia mexicana. La “fiesta popular” sigue su propio camino a la vista de los nuevos conceptos de lo “chic” o elegante. El pueblo baila, canta y se divierte en los espacios abiertos mientras los núcleos familiares pudientes se afrancesan bien y, mal en los salones y restaurantes. El eclecticismo se vuelve costumbre y hasta pasión, azuzado por el talento muy especial del artista mexicano.

La construcción de respetables salas teatrales -de la misma manera que el operativo acondicionamiento de patios y espacios para celebrar bailes- indica la idea porfirista de respetar y fomentar las artes del espectáculo. Durante el gobierno de Porfirio Díaz no sólo visitaron el país figuras principalísimas de la ópera, la opereta, la danza y la música: también se aclimataron a la vida del país algunos artistas de renombre; se entusiasmaron otros; y algunos más sintieron de lleno los apoyos incondicionales de los empresarios, gobierno y público para montar y admirar espectáculos notables. La arquitectura europeizante y ecléctica de la cedes indicaban elocuentemente el deseo de machihembrar las formas artísticas extranjeras y mexicanas: Teatro Juárez de Guanajuato (1903), Teatro Luis Mier y Terán en Oaxaca (hoy Teatro Macedonio Alcalá, 1909); se erigieron estas y otras muchísimas instalaciones que prepararon el terreno técnico y político para el proyecto de construir el gran Teatro Nacional en la ciudad de México (hoy Palacio de Bellas Artes).

Carente de atención y ausente en los programas de instrucción pública, la danza es dejada, durante el Porfiriato, de la mano de los alicientes oficiales. Allí estaba, existía, sostenida por la enorme tradición de la danza “mexicana” que afloraba simultáneamente al desarrollo y la vigorización de las clases medias y sus mentalidades, contradicciones y contrastes. Y como “el motor de la vida social era la evolución indefectible hacia el progreso, y que en un pueblo atrasado como el nuestro no había otra salida para procurar el progreso que la institución de un gobierno fuerte”, las danzas autóctonas y las danzas populares (folklóricas) de la ciudad y el campo obedecieron la dirección y el sentido de sus propios impulsos hasta cubrir, con creces, las demandas espontáneas de las nuevas clases medias. El incipiente proletariado urbano se unió a esta satisfacción. Por su parte, las clases altas, sobre todo la nueva burguesía, más tranquilas, tuvieron tiempo y entusiasmo para incorporar a sus costumbres la diversión del “baile”, incluso del “gran baile”. Por una parte, esta modalidad transformaba la costumbre criolla y colonial de solazarse en los bailes de salón; por la otra mexicanizaba la diversión europea de los salones de baile, iniciando sus ambientes, ritmos, pasos, ostentaciones y actitudes dancísticas y sociales en los espacios del “club”, el “círculo” y el salón de fiestas. Bailar, para las clases altas, se convierte en un deporte, un poco más oloroso y estético que los demás deportes a su alcance. Ahora surgen el tiempo y las ganas para desenvolver el pataleo; asimismo, para familiarizarse con los clases, las mazurcas, las poleas y los demás numeritos que, por muchos años traídos de España y Europa, no habían tenido paz y ambientes suficientes como para “prender” en estos lares. Y si un “grupo de jóvenes franceses formó La Lyre Gauloise, que celebraba frecuentes soirées”, los italianos y norteamericanos no se quedan atrás: los primeros fundan su “clubes propiamente mexicanos… el Campestre, el Apaga Faroles la Sociedad de los Trece, Los Siete Pecados Capitales, etcétera”. 

“Arte y Escuela”. Sonia Ibarra Ibarra (†)*

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Arte y Escuela

Sonia Ibarra Ibarra (†)*
* Investigadora de El Colegio de Jalisco y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

El público se rindió ante aquella versión enmarcada en bellísimas zapatillas de punta de razo rosa. El tema de la obra fue creado por J. Martínez del Río, la escena popular daba motivo a que fueran presentados diversos trazos bailados, siendo el centro el mismísimo Jarabe, el cual eclipsó a los demás por la fina interpretación de la Pavlova… El decorado de la pieza así como el vestuario, se debieron al pintor Adolfo Best Maugard, que gustaron al público por su gran colorido y originalidad…(12)Aunque duele reconocerlo, la enseñanza del arte ha sido históricamente relegada, buenas intenciones y poca acción, pero, a pesar de todo, el arte vive y sobrevive en la educación básica.
     Durante la Colonia, su estudio se dio ligado a la religión y fue objeto de censura, por lo que el teatro y la danza, por su carácter festivo y profano, fueron prohibidos. La enseñanza de la música se dio en el medio urbano con un desarrollo poco ordenado, y en el religioso, como el antecedente más sistematizado.(1)

     En el siglo XIX, a pesar del planteamiento nacionalista, la cultura mexicana se orientó hacia la europea y tuvo un tinte homogeneizante. La Ley de Instrucción Pública, expedida por los liberales en 1861 preveía escuelas de Bellas Artes, sin embargo, la falta de formación de profesores de esa especialidad impidió que los buenos deseos se concretaran. Dicha Ley también establecía la impartición de materias artísticas (dibujo y música) en todos los grados de la educación elemental (1ro. a 5to.).
     El dibujo, por razones obvias muy ligado al trabajo manual, se enseñaba en las escuelas desde inicios del Porfiriato. En esa época, el enfoque de esta asignatura era diferente al actual; a pesar de que se enseñaba el de ornato, se hacían “ejercicios de copia y de inventiva, con figuras curvilíneas y mixtilíneas que presentaban objetos y útiles relativos a las artes y oficios”.(2) La finalidad de la materia era de carácter práctico más que artístico, aunque, desde luego, también se entendía como la iniciación del hombre a la educación estética.
     En 1872 se fundó en el país la primera Escuela de Artes y Oficios que se proponía hacer de la mujer un miembro activo de progreso, enaltecer su función de ser humano y despertar en ella el sentimiento del amor al estudio y al trabajo. Inicialmente, entre los cursos que se impartían estaban canto, piano, dibujo y pintura, pero, para 1891, se suprimieron los de pintura y música.(3)

     En la formación de profesores, los programas contemplaban, también, la enseñanza de dibujo y música con la utilización de libros de texto. En la Escuela Normal de Profesores, en 1907, para la clase de solfeo y canto coral se utilizaba el libro Práctica de Solfeo de Henry Halck. En el estudio de armonio y canto coral, el texto indicado era Pequeña escuela de harmonium de August Reinhard, y, en la Escuela Normal para Profesoras se llevaban los libros Solfeo de E. Gariel y Méthode de musique vocale, de Henry Heack.(4)

     Tras la Revolución, se vio la necesidad de ampliar y sistematizar la educación artística privada y de reestructurar la pública. La creación, en 1905, de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes con Justo Sierra, dio lugar a la creación de las Escuelas de Pintura al Aire Libre y al fortalecimiento de la enseñanza artística.(5)

     El nuevo nacionalismo popular, buscaba “integrar a todos los sectores de la comunidad a la vida nacional” y encontrar los valores aceptados de Europa en la cultura popular e indígena.(6)
     José Vasconcelos, ministro de Educación Pública, se encargó de llevar dichas ideas a la acción…

Featured image     El nacionalismo artístico cosechó logros fundamentales en la producción artística, tanto en el ámbito nacional como en el internacional; en el campo de la educación artística se tomaron medidas centrales para que su enseñanza se impartiera mediante métodos, de manera sistémica, y llegara a sectores más amplios del país. Acorde con los objetivos, se pueden mencionar, entre otras acciones, el apoyo para la reinstalación de las Escuelas de Pintura al Aire Libre y la ampliación de su oferta al sector popular.(7)     

Destaca ya en este período, la enseñanza musical en todos los niveles educativos, los grupos de orfeón y las actividades de difusión, desfiles y festivales.

     Las Misiones Culturales resultaron fundamentales en la enseñanza del arte, tenían como objetivo el desarrollo integral y armónico de las comunidades rurales, mediante la acción de la escuela. Inicialmente no tenían un plan de estudios ni presupuesto determinados, no había horarios rígidos, ni trámites como matrícula o inscripción. Se buscaba despertar la conciencia cívica del campesino y adentrarlo en un proceso de autoeducación, desplazando el fanatismo mediante la cultura, al propiciar una rehabilitación económica y mejorar su forma de vida implantando hábitos de higiene y deporte con una recreación sana. Básicamente,  todo el proyecto estribaba en capacitar a los maestros como artífices de tal obra.

     Estaban integradas por un conjunto de maestros que, entre otras muchas cosas, enseñaban deportes, bailes y danzas regionales, y organizaban conjuntos teatrales y musicales. Una trabajadora social elaboraba un programa de recreaciones de acuerdo con los maestros de música y artes populares. Se puede decir que las Misiones, además de contribuir a la educación rural, eran, por aquel entonces, el medio más eficaz de propaganda del gobierno de la República.

     En la década de los treinta, la cultura quedó marcada por la ruptura, el desgarramiento y la confrontación. Modernidad significaba la defensa de los valores, la razón y la creación. La expresión artística estuvo impregnada de valores éticos, animados de espíritu redentor: redimir los valores populares, “construir la vanguardia sin rehuir la identidad nacional”.(8) La Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, LEAR (1934-1938), tuvo un lugar excepcional en la vida artística mexicana, además, su influencia se dejó sentir en Estados Unidos y en Europa.
     Su último presidente fue el destacado musicólogo Luis Sandi,(9) con él la LEAR terminó su proyecto de organización cultural que facilitó la manifestación de artistas e intelectuales relevantes, sin marginar a los obreros; para ellos estableció una escuela nocturna gratuita, donde los grandes intelectuales impartieron cursos sobre distintas materias. De esta manera, estos organizadores de la cultur a pretendieron “elevar a los simples”, construir una nueva hegemonía cultural mediante la interrelación de los grandes intelectuales y los trabajadores.

     Entre los nombres destacados, podemos mencionar a Adolfo Best Maugard, quien concibió un Sistema de dibujo basado en siete figuras mexicanas fundamentales, extraídas del arte prehispánico y popular. Además, creó unas reglas básicas que fomentaron y estimularon un estilo nacional. Los siete motivos, son: la línea recta, el círculo, la línea quebrada, la ondulosa en forma de ese o “línea de belleza”, la ondulosa, la espiral y el semicírculo.

     En 1921 desarrolló el llamado Sistema Best y, para fin de año, se pudo ver su primera aplicación pedagógica en Yucatán. Al año siguiente, el Distrito Federal lo adoptó para las escuelas bajo el nombre de Dibujo mexicano. El método era parte importante del programa educativo de José Vasconcelos, porque pretendía recuperar, de una sola vez, toda la herencia artística del pasado y encontrar en ello una expresión de espíritu nacional que tanto preocupaba a los interesados en afianzar una nueva identidad mexicana, distinta al afrancesado Porfiriato.

     En 1923 se publicó el método de dibujo con el título Tradición y resurgimiento del arte mexicano, y fue difundido abundantemente en las escuelas secundarias. Best Maugard revolucionó las ideas del arte mexicano y su enseñanza. Su método establece un orden durante un tiempo de trastorno, reintrodujo los motivos mexicanos del pasado, proporcionó un aspecto invariablemente mexicano en origen e influyó en los artistas de las generaciones siguientes.(10)
     Otro gran nombre involucrado es el de Carlos Mérida, quien, como director de la Escuela de Danza de la Secretaría de Educación Pública (1932-1935) creó un ballet mexicano inspirado en los bailes indígenas.

     Encontramos que la danza llega con retraso a la modernidad artística, lo que Alejandra Ferreiro establece con tres puntos importantes: la conciencia nacionalista, el impacto que causó Ana Pavlova con sus interpretaciones, sobre todo la del Jarabe tapatío sobre puntas(11) y, en 1921, el  compromiso de Vasconcelos.

     Pese a la demora, “puede afirmarse que la danza es el hilo conductor y continuo del rescate de lo propio en la educación  artística contemporánea. En este sentido, es notable que casi todas las estudiantes de educación básica hayan bailado, aunque sea una vez, danzas o bailables tradicionales mexicanos”.(13)

     Así, este impulso de los años veinte a los treinta, constituyó un trabajo de rescate, conservación y difusión de las danzas indígenas y regionales, encabezado por las “brigadas culturales” y los maestros rurales.

La enseñanza del arte en Jalisco
Poco hay escrito acerca del arte en la escuela en nuestra entidad. El libro de gobierno que reglamentaba la vida cotidiana del Colegio de San Diego en 1799, nos plantea cómo se impartía la música en dicho lugar:

La música se puede enseñar todos los días, a las cinco de la tarde en la misma esquela, por el maestro el canto llano, y a oficiar una misa cantada, cantar una salve, para que todos los sábados se cante solemne en su nueva iglesia a puerta abierta, y oída por todas las personas de adentro en uno de los coros, se pasen luego a repetir las oraciones y por partes, en diversos sábados, la doctrina cristiana del catecismo, para que las grandes colegialas o las criadas no la olviden. Y si llegasen a orar. Colegiala que sepa bien la solfa, podrá servir de maestra a las otras, como también las que supiesen la clave, violón, violín, guitarra o otros instrumentos, podrá enseñar a todas las que se inclinaren, a la misma hora en el mismo lugar, privadamente en sus ratos desocupados: advirtiendo todas que la música sobria y honesta, es útil, para aliviar y componer el ánimo, y quitar la ociosidad que es raíz de muchos pecados. Y entonces pueden algunas por la música, siendo muy diestras, granjearse sin dote el profesor a título de música en Santa María de Gracia.(14)

     Más tarde, en el Liceo de Niñas, heredero de El Colegio de San Diego, en este rubro “se preparaba a las pupilas para dar al público brillante testimonio de la agilidad de sus órganos vocales, haciendo gorgoritos y calderones”, en las fiestas anuales de fin de cursos.(15)
     El Liceo tenía un excelente coro que participaba junto con el de las niñas del Hospicio Cabañas interpretando el Himno Nacional, al inicio y al final de las veladas organizadas por la Junta Patriótica.
     Para los varones, fue la Escuela de Artes y Oficios la que más empeño puso en la enseñanza musical, logrando formar una banda que amenizaba las tardes de los jueves y domingos en la Plaza de Armas.

     La primera institución formal para la enseñanza de este arte fue la Academia de Música de Guadalajara, fundada en 1907, contó entre sus fundadores y directores a José Rolón, quien en 1917 la transformó en Escuela Normal de Música.(16)

     En 1927, dicho plantel continuó bajo la dirección de J. Jesús Estrada y Tomás Escobedo.

     El 6 de noviembre de 1936, Manuel de Jesús Aréchiga erigió la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra, con secciones para niños y adultos. La escuela nació en un salón que le proporcionó el profesor Tomás Escobedo, en la Escuela Normal de Música, y con una docena de estudiantes.

     Tres años después, en 1939, se constituyó el internado, con once alumnos, en una casa ubicada en la avenida Hidalgo. De ahí, el plantel se trasladó al Palacio de las Vacas, en la calle de San Felipe 634, de donde pasó a las cercanías del Mercado Alcalde, en una casona antigua, por la calle de Angulo. En los altos de este local se instaló el Coro de Infantes.(17)

     En la educación básica, encontramos que a principios del siglo XX, el programa para las escuelas de párvulos establecía, en cuanto a la práctica del dibujo, “el conocimiento de los útiles que se emplean para este trabajo: Ejercicios de líneas verticales y horizontales, consideradas aisladamente; Combinaciones de ambas clases de líneas; Ejercicios de líneas oblicuas; Combinaciones de los tres tipos de líneas; Combinaciones de curvas y rectas; Combinaciones libres”. Se destinaba para ello una clase diaria.(18)

     En música, se establecía que los cantos serían aprendidos por simple audición y se ejecutarían al unísono, procurando que fueran adecuados a los trabajos y clases que se dieran.

     En la década de los años veinte, María R. Lomelí Jaúregui realizó una interesante labor en los jardines de niños. Asumiendo la corriente artística de Adolfo Best Maugard, se reveló antiacadémica. En 1921 se dedicó de lleno a experimentar la creación musical infantil desde el nacionalismo.

Escuela afirmativa

se intitula la serie de métodos y recursos, enteramente prácticos y efectivos que constituyen el procedimiento tendiente a promover en los niños la reacción creadora que modele su nueva personalidad, carente en lo posible de prejuicios burgueses. (19)

     Su propuesta consistía en permitir que los pequeños infantes improvisaran simultáneamente la música y letra de sencillas composiciones.
     Rosaura Zapata, quien fue la primera inspectora general de Jardines de Niños de la SEP, en 1928; y directora general de Educación Preescolar de 1944 a 1954, propició la concientización acerca de la necesidad de la enseñanza musical en los jardines de niños.

     Manuel M. Ponce, después de ser director del Conservatorio, titular de la Orquesta Sinfónica de México, y de haber llevado su música a todo el mundo, fue nombrado en 1937 por el Instituto Nacional de Bellas Artes, inspector de Jardines de Niños, por lo que orientó su creatividad hacia la música infantil, dando como resultado su serie de coros para jardines de niños y la colección de Veinte piezas fáciles que lleva el subtítulo para los pequeños pianistas mexicanos, obra maestra en su género, equiparable a la realizada por otros grandes músicos tales como Bartók, Prokofiev y Kabalersky.

     En esa etapa conoció a Rosaura Zapata, que le solicitaba música para las rondas infantiles. Así, Ponce hizo cantos para los niños y piezas para orquesta sinfónica, lo mismo que guiones para obras de teatro infantil. En una relación recibida por la profesora Zapata, Ponce da cuenta de los siguientes coros escritos por él: Saludo a la Bandera, Haciendo mantequilla, Vaca, Frutero, Ritmos, El palomar, Canasta de flores, Las mariposas, Las floristas, Lo que vi, El Ejido, El hogar limpio, Frío, Al trabajo y Las tortillas.(20) Coros que buscaban apoyar los temas que se abordaban en el programa del nivel preescolar y que se enviaban a las educadoras de todo el país.
     La enseñanza musical tuvo especial énfasis en este nivel. Las educadoras se preocupaban por tener un maestro de música y pugnaban por tener un piano, el instrumento protagonista de las imágenes pioneras del preescolar.

     En la educación Primaria, el plan de estudios para las escuelas de niños de 1ra. clase contemplaba, en 1er. grado, clases de dibujo que consistían en ejercicios diarios relacionados con la enseñanza del lenguaje, las lecciones de cosas y la geometría, y, dos veces a la semana, realizaban “cantos adecuados aprendidos exclusivamente por audición, teniéndose presente la extensión común de la voz de los niños”.
     En 2do., 3ro. y 4to. grados, realizaban cada tercer día, ejercicios “de inventiva con figuras rectilíneas aplicándose a objetos de uso común” y, en canto, empezaban a interpretar coros a una y dos voces aprendidas por audición.

     En quinto grado, en dibujo realizaban contornos sencillos con objetos usuales. Copia y reducción de figuras por medio de la cuadrícula. Proyección de líneas y superficies. Copia, reducción y amplificación de figuras, sin cuadrícula. Proyección de volúmenes. Esto en dos clases a la semana.
     En música, una clase a la semana, interpretaban coros al unísono y al oído; coros en combinación de varias voces, también al oído, y se enseñaba la Llave de Sol.
     En sexto grado recibían nociones elementales de perspectiva, dibujo de ornato y dibujo lineal. “Conocimientos más importantes de los órdenes de arquitectura” en dos sesiones a la semana. En música, se repetía el curso anterior, agregando el conocimiento de la Llave de Fa, con sólo una clase semanal.

     El plan de estudios secundarios contemplaba, en 1ro. y 2do. grados, dibujo a mano libre y canto; en 3ro. y 4to. se excluía el canto, pero a cambio se obligaba organizar orfeones en el Liceo.
     En la Escuela Normal, los futuros maestros tomaban, en primer grado, el curso de solfeo y canto coral, en segundo, se sumaban ejercicios prácticos con el armonio; y en 3ro. y 4to., aprendían dibujo, estudio del armonio y práctica del canto coral.
     Para conservar en las escuelas el mayor orden, al empezar y terminar las clases se tomaban en cuenta las prescripciones siguientes:
     I.   La primera clase comenzará con un corto himno y la última terminará del mismo modo.
     II.  Concluido el primer himno, los niños se sentarán y comenzarán las labores del día, de acuerdo con la distribución del tiempo.(21)
     La Escuela Federal de Arte Industrial para Señoritas (EFAIS), en 1921 contaba en su programa con las materias de canto y dibujo. Uno de los cursos que manifestaba adelantos, para 1929, en la EFAIS era el de dibujo a cargo de Carlos Stahl, quien utilizaba el Método Best Maugard, con una asistencia numerosa. El profesor Stahl, “como verdadero conocedor de la clase que le estaba encomendada y empleando sencillos procedimientos, logró hacer de sus discípulas unas excelentes creadoras, que revelaban grandes dotes artísticas, admiradas en los bien acabados trabajos que se exhibían en el salón respectivo”.(22)
     El curso de dibujo y pintura en la EFAIS comprendía dibujo a lápiz con motivos fáciles, dibujo y pintura del natural, dibujo a escala, confección y uso de colores al óleo y nociones de pintura escenográfica.
     La Escuela editaba la revista EFAIS, ilustrada con dibujos originales de las alumnas. El plantel era dirigido por Josefina Gómez, una gran impulsora del folclore jalisciense, quien junto con Refugio García Brambila, Miss Cuca, hicieron grandes aportaciones a la investigación en este rubro.
     Magdalena Ruiz Velasco impartía el curso de canto, cuyo contenido era el siguiente: “Estudio de canciones mexicanas y regionales, a una y más voces, con acompañamiento de piano o sin él”.(23)

     Había otro curso que comprendía el aprendizaje de la guitarra, construcción de guitarras españolas, hawaiianas y mandolinas, y la fabricación de estuches para dichos instrumentos.
     Frecuentemente la EFAIS organizaba conciertos públicos con la participación de la Orquesta Típica del plantel, a cargo del profesor Eusebio Suárez y del Conjunto Coral de la escuela, a cargo del maestro J. Jesús Niño Morones. Tradicionalmente también se organizaba un Festival de Navidad en el Teatro Degollado y destacaba la participación en desfiles con la colaboración de Miss Cuca.

     En la década de los años treinta, la Escuela para los hijos del Ejército No. 4, “Beatriz Hernández”, le dio gran énfasis a la preparación artística, teniendo a destacados maestros en el orfeón, orquesta infantil, estudiantina, grupo de danza, oratoria y declamación.

Los mentores
Destacados maestros se han encargado en Jalisco de la enseñanza del arte en la educación básica, podemos mencionar, por más cercanos a nuestra época, a los músicos: Clemente Aguirre, José Rolón, Alfredo Carrasco, J. Jesús Niño Morones, Tomás Escobedo, Andrés Sandoval, Víctor Manuel Amaral, Soledad García Brambila, Luis Cisneros Salcedo, Mario Oliverio Zamora y Consuelo Medina, entre muchos otros.
     En danza destacaron principalmente los nombres de Refugio García Brambila (Miss Cuca), Amelia Bell Feeley (Miss Bell), Luz María Ruelas Santana y Elisa Palafox de Jacobo.
     En dibujo encontramos los nombres de Ixca Farías y Carlos Stahl, maestros de quienes se encargarían de llevar más tarde esos conocimientos hasta las zonas más lejanas del estado de Jalisco.
     Es urgente recuperar esta tradición artística en la educación básica, darle la importancia que se merece este rubro, no como disciplinas complementarias sino como algo esencial para buscar la verdadera educación integral.

Notas
1. Sylvia Durán. “La educación artística y las actividades culturales”, en: Pablo Latapí Sarre. Un siglo de Educación en México (Tomo II). Fondo de Cultura Económica. México, 1998. pp. 393- 394.
2. Mílada Bazant. Historia de la educación durante el Porfiriato. El Colegio de México. México, 1993. p. 74.
3. Ibid. p. 120.
4. Ibid. pp. 152-157.
5. Sylvia Durán. Op. cit. pp. 396-398.
6. Ibid. p. 399.
7. Idem.
8. http://www.uom.edu.mx/trabajadores/14morua.htm

9. Luis Sandi fundó el Coro de Madrigalistas de Bellas Artes en 1938, con el propósito de difundir la música coral en todas sus manifestaciones y editó libros de música para la escuela primaria, ilustrados por los pintores de la LEAR.
10. http://www.arches.uga.edu/-lecates/1010/maugard.htm
11. Ana Pavlova nació en San Petersburgo, (Rusia), en 1881, y a los 10 años de edad fue admitida en la Escuela Imperial de Ballet. Vino a México en 1919 e interpretó entre otras obras, “Fantasía Mexicana” el 18 de marzo de ese año.
12. Alberto Dalial. La danza en México en el siglo XX. Citado por María Eugenia Ruvalcaba en: “Tres generaciones en la difusión y enseñanza del arte de la danza en Jalisco”. Ensayo presentado para acreditar el Diplomado en Cultura Jalisciense de El Colegio de Jalisco, diciembre de 2003.
13. Sylvia Durán. Op. cit. p. 402.
14. Cit. por Miguel Enrique Delgado Alatorre. “El Colegio de San Diego”. Tesis para obtener el grado de Maestría. Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio. Zapopan, Jalisco, julio de 2002. p. 115.
15. José María Muriá. Historia de Jalisco (Tomo III). UNED. Guadalajara, 1980. p. 538.
16. Gabriel Pareyón. Diccionario de Música en Jalisco. Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco. Guadalajara, 2000. p. 232.
17. En 1949, con motivo de la visita de Monseñor Higinio Anglés, la Escuela obtuvo el reconocimiento del presidente del Instituto Pontificio de Música Sacra, de Roma, a tal grado que obtuvo el nombramiento de “filial” el 3 de julio de 1961. El mismo año se mudó la institución a la esquina de Santa Mónica y Garibaldi, para ubicarse en el edificio, construido exprofeso, en la esquina de Hidalgo y López Mateos, donde hasta hoy se mantiene la sección de jóvenes y adultos. La sección de niños se encuentra en Manuel Acuña 832, bajo la dirección de Aurelio Martínez Corona, antiguo alumno de la Escuela de Música Sacra, quien sostiene que este Coro tiene una tradición de más de 400 años. Aurelio Martínez Corona. El Colegio de infantes de la Catedral del Guadalajara. Cámara Nacional de Comercio. Guadalajara, 2000.
18. Oscar García Carmona. Legislación y estructura orgánica de la educación pública de Jalisco 1903-1983 (Tomo I). Departamento de Educación Pública del Estado de Jalisco. Guadalajara, 1985. p. 2-53.
19. El jalisciense, 26 de diciembre de 1933.
20. Relación recibida por Rosaura Zapata de Manuel M. Ponce. AHSEP. Dir. Gral. de Educ. Pre-esc. Caja 5059 S/351 (015)/
21. Oscar García. Op. cit. pp. 2-15 a 2-60.
22. EFAIS, revista editada por la Dirección de la Escuela Federal de Arte Industrial para Señoritas, 30 de junio de 1930, año I, número 1.
23. Sonia Ibarra Ibarra y Oscar García Carmona. Ochenta años de educación pública federal en Jalisco(Tomo I). SNTE, 2000. pp. 125-127

Cítese este artículo como: Ibarra Ibarra, Sonia. “Arte y Escuela“, artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).